Niñas y niños del Centro Histórico de Puebla participaron en un programa que combina arquitectura, diseño y tecnología para acercarlos a su patrimonio cultural. El proyecto, impulsado por estudiantes de la Universidad Anáhuac Puebla, logró impactar a doscientas niñas y niños entre seis y doce años mediante talleres diseñados para fomentar el reconocimiento y la valoración del legado local.

Como parte de las actividades, los participantes interactuaron con herramientas tecnológicas innovadoras, como el Video Mapping, que les permitió intervenir visualmente modelos a escala de edificios emblemáticos de la ciudad, entre ellos la Catedral de Puebla y el Palacio Municipal. Esta dinámica no solo facilitó el aprendizaje sobre la historia y relevancia arquitectónica de estos monumentos, sino que también despertó el interés por su conservación y significado cultural.

El diseño y la producción de los materiales didácticos fueron realizados por estudiantes que cursan Técnicas de Diseño Digital, asignatura orientada a la aplicación práctica y al desarrollo de proyectos con impacto social. En total, ocho estudiantes de Arquitectura y diez del Semillero de Talentos, provenientes de licenciaturas como Arquitectura, Diseño Industrial y Diseño de Moda, colaboraron en la coordinación y ejecución de estos talleres.

Las jornadas se llevaron a cabo en diversas instituciones educativas del Centro Histórico, incluyendo las primarias Mariano Matamoros, Héroes de la Reforma, Francisco González Bocanegra y el Instituto Angelopolitano. En ellas, las niñas y niños vivieron una experiencia educativa que conjuga creatividad, tecnología y patrimonio, facilitando un aprendizaje más interactivo y significativo sobre su entorno urbano.

El cierre del programa está previsto para el mes de mayo en la escuela Francisco González Bocanegra, donde se realizará una intervención lumínica como actividad final y se entregarán kits creativos a los participantes, consolidando así la experiencia adquirida durante las semanas de trabajo.

Esta iniciativa representa un ejemplo de cómo la academia puede vincularse con la comunidad para promover la cultura y el patrimonio desde una perspectiva innovadora, integrando conocimientos técnicos con creatividad y compromiso social.