La 45ª Feria del Libro de Badajoz cerró sus puertas con un balance marcado por la satisfacción en las ventas y la afluencia de lectores, aunque también con críticas hacia la selección de los autores invitados y la escasa inclusión de los propios libreros en la programación cultural. Pese a la lluvia de los primeros días, el ambiente literario recuperó fuerza y la feria casi igualó los resultados positivos del año anterior.

El incremento en ventas y la llegada constante de visitantes informados fueron destacados por varios expositores. Librerías como Mapa registraron la venta de cientos de títulos, mientras en puestos como el de Padre Rafael resaltaron la demanda de novedades literarias. Libros como 'El detalle' de Jesús Carrasco y la biografía del Papa León XIV estuvieron entre los más buscados por el público.

La presencia de autores en la feria también afectó la percepción de algunos libreros. A pesar de que títulos destacados como 'Han cantado bingo' de Lana Corujo y 'El coloquio de invierno' de Luis Landero consiguieron buena acogida, hubo reproches por la limitación en la variedad y relevancia de los escritores invitados, lo que según reclamaron, redujo la vinculación de los libreros con las actividades culturales.

En términos cuantitativos, los datos de ventas se mantuvieron en niveles similares a años anteriores, aunque con ligeras diferencias entre los expositores. Mientras algunos reconocieron incluso un aumento en la afluencia, otros señalaron una leve disminución en público. Librería Colón, participante habitual desde hace décadas, reportó la venta de más de mil ejemplares y destacó la buena lectura que mantiene la población local.

El público infantil también fue un sector importante durante la feria, con una constante demanda de sagas infantiles, reflejando el compromiso de la cita con todas las edades. Entre los títulos más solicitados también figuraron 'Comerán flores' de Lucía Solla Sobral y 'La intriga del funeral' de Eduardo Mendoza, además de las novelas de Sonsoles Ónega.

Los libreros valoraron positivamente la creación de un espacio que fomenta el diálogo entre lectores y escritores, así como la vida cultural de la ciudad, aunque insistieron en la necesidad de mejorar la programación para incluir más propuestas literarias diversas y mejorar la participación de libreros en el diseño de actividades. La feria volvió a demostrar su papel como motor cultural, a pesar de las críticas, y confirmó la buena salud del mercado editorial local.