Una película que combinó ciencia ficción, horror gótico y comedia logró consolidarse como fenómeno en plataformas digitales pese a su pobre desempeño en salas de cine. Dirigida por Maggie Gyllenhaal y protagonizada por Jessie Buckley y Christian Bale, esta producción reinventa la historia clásica de Frankenstein, incorporando una narrativa feminista y elementos de crítica social.
La trama sigue a una mujer en Chicago en los años 30 que, tras ser asesinada, es revivida por una científica con la misión de crear una compañera para Frank, el monstruo de Frankenstein. A diferencia de versiones anteriores, aquí la historia se cuenta desde la perspectiva de Mary Shelley, quien funge como narradora omnisciente al poseer a la protagonista. Esto añade una capa de reflexión en torno a la identidad, la soledad y la lucha por la autonomía femenina.
Además de explorar temas profundos, la película incorpora momentos de comedia sutil, evitando un tono demasiado oscuro o solemne. El conflicto central gira en torno a la novia de Frankenstein, una mujer que enfrenta la violencia y el control sin su consentimiento, pero cuya resistencia da pie a una revolución de carácter feminista. Sin embargo, esta propuesta no siempre surge con la coherencia esperada, y algunas críticas apuntan a que la mezcla de géneros y mensajes puede resultar confusa.
En cuanto a producción, la película destaca por una cuidadosa realización técnica y una atmósfera que recuerda a clásicos como Bonnie y Clyde, pero con una estética y mensaje propios. A pesar de ello, su estreno en cines fue un rotundo fracaso comercial, con ingresos muy inferiores a su presupuesto, según datos de Box Office Mojo, y una recepción crítica que no la favoreció.
No obstante, su regreso a la vida ocurrió gracias al streaming, donde lleva ya una semana dentro del top 10 de visualización en HBO Max. Este fenómeno ilustra cómo ciertos proyectos encuentran en las plataformas digitales una segunda oportunidad para conectar con audiencias más amplias y diversas.

