El final del partido fue celebrado con un estallido de júbilo en la Ciudad de México, donde la gente colmó el Paseo de la Reforma para manifestar su apoyo al equipo nacional. La avenida se convirtió en un mar de banderas verdes, blancas y rojas, mientras los asistentes entonaban canciones y compartían abrazos con desconocidos bajo el Ángel de la Independencia, símbolo emblemático del país.
El aire se llenó de humo de colores patrios y la noche se iluminó con fuegos artificiales que acompañaron la celebración masiva. La espuma lanzada desde latas de aerosol cayó sobre la multitud como una especie de nieve festiva, intensificando el clima de alegría y esperanza entre los hinchas.
Este despliegue de entusiasmo refleja no solo la pasión por el fútbol sino también un renovado sentimiento de esperanza para México en el panorama deportivo internacional. La histórica concentración demuestra cómo el deporte puede unir a millones y transformar un momento crítico en una experiencia colectiva de optimismo.

