En la reciente serie Supergirl, Mujer del Mañana, el personaje icónico de DC Comics se rediseña para distanciarse de la sombra de Superman y mostrar una heroína con conflictos y dimensiones propias. Esta versión de Supergirl, creada por Tom King y Bilquis Evely, destaca por alejar a la protagonista de los clichés de bondad idealizada, ofreciendo una figura más cínica, segura y autosuficiente.
La historia comienza con Supergirl en un planeta bajo una estrella roja, donde sus poderes se ven disminuidos, permitiéndole disfrutar de momentos más humanos, como celebrar su cumpleaños con Krypto, su fiel compañero. Ese entorno también la hace vulnerable a la intoxicación por alcohol, un detalle que humaniza a la heroína y da un giro a su caracterización habitual. La trama se activa cuando aparece Ruthye, una joven huérfana en busca de justicia por la muerte de su padre, lo que lleva a Supergirl a involucrarse en una aventura que combina elementos de venganza, investigación y la rutina cotidiana de quienes viajan por el espacio.
Ruthye funciona como narradora, aportando una perspectiva externa sobre Supergirl que permite apreciar la evolución de ambas y cómo cambia la percepción inicial del personaje. Lejos de ser una adolescente inocente y perfecta, Supergirl se muestra como alguien con dudas, fortalezas y una actitud más dura hacia ella misma y su entorno. Esta renovación del personaje enfatiza diferencias clave con su primo Superman, desde la intensidad de sus tragedias personales hasta su resiliencia frente a la destrucción de Krypton y la caída de Argo City.
La obra profundiza en el trasfondo de la kryptoniana de 14 años, situándola en un viaje espacial donde se enfrentan tanto desafíos épicos como situaciones mundanas, acercando al lector a la complejidad de su existencia. Además, refuerza cómo las calamidades que superó y su voluntad de sobrevivir la definen como una heroína única, más allá del universo del Hombre de Acero.

