Una reciente revisión de Autocontrol, el organismo de autorregulación publicitaria en España, puso en tela de juicio la campaña de relanzamiento de la marca Verisure. La polémica se originó a partir de declaraciones que señalaban a la empresa como “la mejor” o “líder mundial” en el sector de alarmas monitoreadas, sin aportar pruebas objetivas que respaldaran esos mensajes.
Este caso se presentó en medio de la estrategia de rebranding mediante la que Securitas Direct adoptó el nombre comercial Verisure para consolidar su posicionamiento en el mercado español. Sin embargo, uno de sus principales competidores, Movistar Prosegur Alarmas, impugnó los mensajes publicitarios al considerar que transmitían una superioridad excluyente, capaz de generar confusión o percepción errónea en los consumidores.
Las frases examinadas por Autocontrol incluían “Los primeros en ofrecer el mejor servicio”, “Primeros en responder al peligro” y “Líder mundial en alarmas”, entre otras. Aunque la investigación descartó que la campaña fuera un ataque directo o publicidad comparativa desleal –pues no mencionaba ni denigraba a otras marcas–, se enfocó en evaluar si existía soporte suficiente para esas afirmaciones absolutas.
En particular, el organismo valoró si Verisure podía justificar sus mensajes con estudios de satisfacción, investigaciones o métricas que confirmaran sus supuestos de liderazgo. La ausencia de evidencias contundentes llevó a Autocontrol a recomendar ajustes en la comunicación para evitar inducir a error al público.
Este caso ejemplifica un desafío recurrente en publicidad: el uso de términos superlativos como “el mejor” o “los primeros”, que intentan reforzar la confianza y diferenciar una marca, pero que requieren respaldo verificable para cumplir con el código ético y legal vigente. La experiencia alertó tanto a anunciantes españoles como latinoamericanos a cuidar la precisión y transparencia en sus campañas.

