Con las manos en alto y al ritmo de cantos ancestrales, los bolivianos saludaron la salida del sol para dar la bienvenida al Año Nuevo Andino 5534, conocido como “Willka Kuti” en aimara o “Inti Raymi” en quechua. Esta celebración, realizada en lugares emblemáticos y considerados sagrados, simboliza la renovación del ciclo vital y la conexión espiritual con la naturaleza y el universo.

La festividad tuvo como epicentro el Mirador de Killi Killi, un cerro que domina la ciudad de La Paz, al cual asistieron decenas de personas desde la madrugada para presenciar el amanecer. El alcalde local, César Dockweiler, presidió la ceremonia que incluyó ofrendas a la Pachamama, rezos en aimara y danzas tradicionales, reafirmando el valor cultural y espiritual de esta tradición ancestral.

Entre los presentes estuvo la “amauta” Elena Martínez Quispe, una sabia indígena que destacó el significado universal de la celebración. Martínez interpretó el Año Nuevo Andino como un momento de renovación no solo para Bolivia, sino para toda la humanidad, ya que el sol —símbolo central de la festividad— ilumina a todos por igual. Según ella, esta fecha marca un nuevo comienzo que influye en la producción agrícola y el equilibrio entre los seres humanos y el entorno.

Durante la ceremonia, los participantes levantaron las manos mientras entonaban “jallalla”, una expresión que equivale a un “¡viva!” en las culturas andinas, para enviar buenos deseos de prosperidad y armonía. La celebración tuvo lugar en medio de un contexto social complejo, pero la tradición logró revitalizar la esperanza y el respeto hacia la Madre Tierra y el legado cultural indígena.