En pleno Casco Antiguo de Badajoz, el sonido constante de máquinas de coser marca el ritmo pausado de una moda que se resiste al efecto de lo inmediato. María Engo e Isabel Pulido, dos diseñadoras comprometidas con la calidad y la artesanía, han convertido este enclave en un refugio para quienes buscan prendas únicas y hechas a medida, lejos de la masificación y el consumo acelerado.
María Engo celebra una década al frente de su ENGO Atelier, un espacio ubicado en la calle Virgen de la Soledad donde no solo crea ropa, sino que promueve la llamada «custoroterapia». Mediante cursos de costura, patronaje y confección, ofrece un espacio para desconectar, aprender y socializar, promoviendo la moda como una experiencia de cuidado y dedicación. María recalca que cada prenda implica alrededor de treinta horas de trabajo, lo que resalta el valor de un proceso centrado en la paciencia y el respeto hacia la pieza y el cuerpo para el que está diseñada.
El taller se abastece principalmente de tejidos provenientes de Portugal y tiendas locales reconocidas en Badajoz, evidenciando la apuesta por la proximidad y la economía circular. También destaca el papel de los mercados de barrio como fuente de materiales de calidad. María sostiene que la durabilidad y la identidad de sus prendas representan una alternativa concreta para quienes valoran una moda más consciente y menos desechable.
A pesar de las dificultades logísticas que presenta el barrio —como la falta de ascensores o la necesidad de mejorar los servicios públicos—, María mantiene su taller en este enclave histórico, atraída por la vida y el sentido de comunidad que recupera el Casco Antiguo. Su atelier se ha convertido en un punto de encuentro que despierta la curiosidad de vecinos y transeúntes cada vez que inician sus clases.
Por su parte, Isabel Pulido gestiona otro espacio cercano, un taller que inicialmente denominaba “caja de zapatos”, pero que hoy se ha transformado en un lugar de referencia para la moda vanguardista en la zona. Su proyecto refleja la combinación entre el respeto al entorno tradicional y la incorporación de propuestas contemporáneas que amplían las posibilidades creativas en el Casco Antiguo.
Ambas diseñadoras forman parte de un movimiento que reivindica una manera de entender la moda distinta, basada en la sostenibilidad, la artesanía y el compromiso con el tejido social local. Su trabajo conecta la identidad del barrio con un público que promueve valores como el consumo responsable y la personalización, demostrando que en un mundo dominado por la moda rápida aún hay espacio para el tiempo, la técnica y el cuidado.

