Sergio Romero, un sevillano autodidacta que aprendió a programar a los 11 años leyendo código sin manuales ni internet, ha logrado posicionar a VivelaVita como uno de los cuatro sex-shops online con mayor facturación en España, sin haber pisado nunca una tienda física de este tipo, por pura vergüenza.

Su trayectoria comenzó en el mundo de la programación y el desarrollo web, un campo en el que siempre ha preferido estar frente a la pantalla, evitando viajes o reuniones. A los 20 años entró en una empresa destacada, pero abandonó tras sentir frustración por sus límites creativos y se lanzó como autónomo. Fundó Cerotec Estudios, una agencia especializada en soluciones a medida para clientes importantes como Ikea, Renault y Alsa, logrando facturar un millón de euros y emplear a 16 personas.

Romero explica que el éxito en su primera empresa fue fruto de un crecimiento orgánico y mucho trabajo, pero debió dejarla porque su perfil tranquilo y preferencia por la programación pura le impedían lidiar con las exigencias comerciales y el trato constante con clientes. Se define como una persona con TDA (Trastorno por Déficit de Atención), inquieta, que se aburre fácilmente y prefiere ideas innovadoras en lugar de administrar grandes proyectos.

Actualmente, desde una oficina en Mairena del Aljarafe, dirige VivelaVita, un proyecto que no se limita a vender juguetes eróticos sino que ofrece soluciones para personas con inseguridades y miedos relacionados con su sexualidad. Según Romero, su negocio aborda un mercado sensible con la intención de acompañar a los clientes a superar esas barreras.

Romero confiesa que, a pesar del éxito, la vergüenza le impidió hasta hoy visitar un sex-shop tradicional. Esta paradoja revela el carácter personal y discreto con el que quiere gestionarse su vida profesional, aunque no la prohíba de innovar y crecer en un sector todavía cargado de tabúes.