Desde su adolescencia, Uriel Ramos encontró en el arte urbano una forma de expresión y conexión con su entorno. Inició pintando grafitis, actividad que en ese momento enfrentaba estigmas sociales, pero siempre con una mirada responsable, buscando el permiso de los dueños de las paredes donde plasmaba sus obras. Este respeto por el espacio y la comunidad marcó el rumbo de su carrera, que hoy lo posiciona como uno de los referentes del muralismo en Córdoba.
Con la influencia de artistas más experimentados y una formación en Diseño Gráfico, Ramos ha perfeccionado sus técnicas para crear murales que van más allá de lo estético. Cada obra nace de un proceso minucioso de investigación y composición, donde se entrelazan relatos históricos y la identidad cultural de las comunidades involucradas. Algunos proyectos le han tomado hasta un mes, dependiendo de la complejidad y la historia que quiere contar.
El muralismo no solo es un acto creativo, sino también una inversión significativa de recursos materiales. Uriel señala que los costos de materiales como aerosoles profesionales, pinturas y selladores son elevados, y que para un mural grande puede utilizar más de treinta aerosoles, lo cual implica un gasto considerable. Sin embargo, el valor simbólico y el impacto positivo que genera una obra terminada compensan ampliamente ese esfuerzo.
Más allá de embellecer muros, los murales de Ramos recuperan la memoria colectiva y refuerzan el sentido de pertenencia entre los habitantes. Las imágenes representadas reflejan personajes, episodios y tradiciones que fomentan la conexión con la historia local y promueven el rescate cultural. Cada mural se convierte en un espacio vivo que invita a la comunidad a reconocer y valorar su propio legado.

