La madrugada fue escenario de una ofensiva militar masiva rusa en Ucrania que provocó la muerte de al menos 18 personas y dejó a más de un centenar de heridos. Las tropas rusas lanzaron 73 misiles de diferentes tipos, entre ellos 33 balísticos, junto con 656 drones de largo alcance dirigidos contra objetivos civiles y estratégicos.
La capital, Kiev, sufrió graves daños tras el impacto de misiles balísticos que destruyeron rascacielos y alteraron el suministro de servicios básicos como agua y electricidad. Seis de las víctimas mortales correspondieron a esta ciudad, donde un edificio residencial en el distrito de Podilskyi colapsó parcialmente, dejando a varias personas atrapadas bajo los escombros.
En respuesta, las autoridades locales desplegaron equipos de rescate y bomberos para remover restos y buscar sobrevivientes. Las provincias periféricas también reportaron pérdidas: otras 12 personas murieron en distintas regiones mientras las infraestructuras civiles sufrían daños importantes.
En el este del país, Dnipró y Járkiv fueron blanco de ataques con drones y misiles. En Járkiv, varias explosiones hirieron a diez civiles, incluidos menores de edad. El Ministerio de Defensa ruso confirmó que estas operaciones tenían como objetivo instalaciones militares y nodos críticos en siete regiones ucranianas, justificando la acción como respuesta a operaciones previas de Kiev.
La Fuerza Aérea ucraniana informó que sus sistemas antiaéreos estuvieron activos toda la noche para interceptar misiles balísticos, de crucero e hipersónicos provenientes de Rusia. Ante la amenaza, gran número de residentes buscaron refugio en estaciones de metro y albergues antiaéreos para protegerse de las detonaciones.
En contraste, el ejército ucraniano atacó en territorio ruso, provocando un incendio en una refinería de petróleo en la región de Krasnodar. Este ataque, realizado con drones de largo alcance, fue considerado una operación de represalia por parte de Ucrania.

