La presidenta Claudia Sheinbaum encabezó la segunda restitución de tierras al ejido de San Salvador Atenco, devolviendo 54 hectáreas destinadas a uso agrícola. El acto ocurrió dos décadas después de los hechos represivos de 2006 que marcaron el conflicto por la expropiación de tierras en la región. Durante la ceremonia, Sheinbaum reafirmó el compromiso de su administración con la justicia social y el reconocimiento a la lucha comunitaria. "Hoy, 20 años después, estamos regresando tierras y reconociendo la dignidad del pueblo de Atenco", declaró.
La mandataria contextualizó la medida al recordar que el conflicto originó en 2001, cuando el gobierno anunció un proyecto aeroportuario en Texcoco que requería la expropiación de terrenos campesinos. Criticó la respuesta represiva del gobierno de ese período. "Lo que mostraba era un gobierno que no quería dialogar con el pueblo, que gobernaba para unos cuantos, para la oligarquía", señaló respecto a los operativos de 2006. Enfatizó que ningún proyecto de desarrollo podía sustentarse sobre el despojo de tierras a campesinos.
La restitución forma parte del Plan de Justicia para Atenco, una estrategia federal diseñada para reparar daños históricos y fortalecer la vocación agrícola de la región. Sheinbaum detalló que la acción incluye tanto la devolución de parcelas para cultivo como un reconocimiento explícito a la lucha de las comunidades. Comparó esta visión con la cancelación del proyecto en Texcoco y la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, interpretándolas como dos modelos de desarrollo antagónicos.
San Salvador Atenco permanece como símbolo de resistencia tras años de conflicto. En 2018, una consulta nacional determinó la cancelación del proyecto aeroportuario. Posteriormente, el lago de Texcoco fue declarado área natural protegida en 2022, y en 2023 iniciaron las devoluciones de tierra con una primera entrega de 186.5 hectáreas al ejido. Durante el evento, un grupo de vecinos protestó bloqueando la carretera para exigir agua y devolución adicional de tierras. Ignacio del Valle colocó un paliacate rojo a la presidenta, símbolo del movimiento de resistencia que distingue a la comunidad.

