En Bali, uno de los destinos turísticos más reconocidos del mundo, la acumulación de basura se transformó en un problema urgente. La abrupta prohibición de vertederos a cielo abierto, aplicada recientemente, dejó sin alternativas inmediatas para el manejo de residuos, provocando montones de basura que invaden espacios públicos y provocan problemas sanitarios, afectando la imagen y la economía local.
En las calles, comerciantes como Yuvita Anggi Prinanda enfrentan pérdidas diarias debido al mal olor y la presencia constante de ratas que atrae la basura acumulada. Sus cuatro grandes bolsas de residuos por día, principalmente restos de flores y hojas, aumentan el volumen total que produce la isla, calculado en miles de toneladas diariamente. La situación se agrava en zonas turísticas como la playa de Kuta, donde plásticos y desechos sólidos se amontonan al nivel de la cintura, generando molestias tanto para residentes como para visitantes.
La medida de prohibir los vertederos a cielo abierto data de 2013 en Indonesia, pero solo recientemente se intentó imponer con mayor rigor. Esto derivó en protestas de trabajadores de saneamiento que señalan la falta de sitios adecuados para desechar la basura recogida, generando un conflicto entre la obligación de limpieza y la carencia de infraestructura. Mientras tanto, las autoridades locales permitieron un uso temporal y limitado del basurero Suwung hasta finales de julio, con el compromiso de cerrar estos vertederos a partir de agosto.
Las sanciones para quienes arrojen o quemen basura en lugares no autorizados son severas: prisión de hasta tres meses y multas significativas. Sin embargo, la falta de opciones lleva a muchos a incumplir la normativa. Expertos en gestión de residuos de la Universidad Gadjah Mada enfatizan la necesidad de implementar sistemas sostenibles, como la transformación de residuos orgánicos en abono, para aliviar la crisis en el manejo de desechos.

