El movimiento libanés Hezbolá ha incorporado drones explosivos de visión en primera persona (FPV) en sus operaciones contra las fuerzas israelíes, una táctica que ha resultado difícil de contrarrestar para Israel. Estas aeronaves no tripuladas representan un arma económica y letal que permite al grupo ampliar su capacidad ofensiva sin depender de costosos sistemas defensivos israelíes.

Un funcionario israelí consultado por Foreign Policy destacó que estos drones se han convertido en una “mina de oro” para Hezbolá, debido a su bajo costo y eficacia. Israel ha visto cómo la amenaza con estos dispositivos ha obligado a modificar sus posiciones defensivas, desplazando la llamada “línea amarilla” que marca la zona de amortiguación en el sur del Líbano. Esta medida refleja un retroceso táctico generado por la incapacidad de detener los ataques con drones.

El principal desafío radica en que algunos de estos drones evaden los sistemas GPS y no son interceptados por la Cúpula de Hierro, el sistema antimisiles israelí diseñado para neutralizar proyectiles y amenazas aéreas convencionales. Mientras la Cúpula de Hierro logra desactivar numerosos ataques, sus limitaciones frente a drones fibroópticos —una tecnología que permite mayor precisión y maniobrabilidad— exponen a Israel a riesgos considerables. Además, la diferencia de costos entre la fabricación de un drone explosivo y el valor de un interceptor invisibiliza la sostenibilidad económica del conflicto para el lado israelí.

El mismo funcionario reconoció que, ante esta nueva realidad, Israel no estaba completamente preparado para esta modalidad de ataque y que hubiera podido mejorar su respuesta si se hubieran anticipado estos desarrollos. Por ahora, la defensa israelí se centra en métodos reactivos, como el uso de redes o refugios, que resultan insuficientes para detener estos ataques con drones FPV.