Estados Unidos y Irán firmaron un primer memorando de entendimiento en un acto virtual que involucró al entonces presidente estadounidense y al líder del Parlamento iraní, con una formalización presencial prevista en Ginebra. Este acuerdo, diseñado principalmente para relajar tensiones de cara a próximas elecciones en Estados Unidos, no incluye a Israel, lo que revela la fragilidad y el carácter limitado de esta tregua.
Aunque la paz es temporal, no afecta a diversos grupos yihadistas que operan en Siria, Líbano y Gaza, y que no reconocen ni respetan el pacto firmado. Estos actores mantienen su oposición abierta, aumentando el riesgo de nuevas provocaciones contra la aviación israelí, hecho que complica la estabilidad regional más allá del control de las potencias involucradas.
El contexto político estadounidense también explica la prisa detrás del acuerdo. El gobierno de Donald Trump busca mostrar avances en política exterior para fortalecer su imagen ante las elecciones de noviembre. Esto incluye un esfuerzo por apartar el conflicto con Irán de la agenda inmediata, y concentrarse en otras problemáticas internacionales como Cuba y México.
En ese sentido, la administración estadounidense ha adoptado estrategias similares a las implementadas en Venezuela, centrándose en cooptar a figuras del actual régimen para facilitar sus objetivos, más que en promover procesos democráticos genuinos. La colaboración con Delcy Rodríguez en Venezuela, por ejemplo, busca asegurar el control sobre recursos estratégicos sin la necesidad de un cambio de gobierno mediante elecciones.
En el caso de Cuba, planes similares apuntan a desacelerar cambios internos y trabajar con funcionarios que ya tienen control político, descartando a líderes opositores como María Corina Machado. Esta dinámica refleja una política exterior estadounidense que prioriza la estabilidad de sus intereses sobre la autodeterminación democrática en la región.
La exclusión de Israel en el proceso negociador es particularmente significativa, dado que el país es una pieza clave en la geopolítica de Oriente Medio. Esto implica que Tel Aviv debería vigilar de cerca su posición y reacciones frente a esta aparente tregua entre Washington y Teherán, que podría cambiar según los movimientos políticos y electorales posteriores.

