Israel y Líbano establecieron un alto el fuego condicionado a que la milicia Hezbolá detenga sus operaciones militares y abandone el sur del Líbano, según un acuerdo alcanzado durante una reunión en Washington mediada por Estados Unidos. Este pacto busca evitar nuevos enfrentamientos entre ambos países, que carecen de relaciones diplomáticas formales.

El compromiso contempla la creación de “zonas piloto” bajo control exclusivo del Ejército libanés en áreas entre el río Litani y la frontera israelí, de las cuales deberán ser excluidos todos los grupos armados no estatales, en especial Hezbolá. Esta medida se plantea como un paso clave para estabilizar la región y avanzar hacia un acuerdo de paz más amplio.

Las negociaciones entre Israel y Líbano se desarrollaron en la sede del Departamento de Estado en una ronda que continuó un proceso iniciado en abril. En esa primera reunión se marcó el inicio del diálogo de mayor nivel en décadas entre ambos países vecinos, aunque hasta ahora los contactos han estado marcados por episodios de tensión y reanudaciones esporádicas del fuego.

El acuerdo destaca que la vigencia del alto el fuego depende del cese total de disparos por parte de Hezbolá y de la evacuación de sus operativos del territorio en disputa. Además, las delegaciones se comprometieron a continuar las conversaciones próximamente, con la intención de consolidar una paz integral que incluya garantías de seguridad para ambas partes.

Esta iniciativa representa un avance mediado por Estados Unidos en un conflicto regional de larga data, en el que la presencia y actividades de Hezbolá han sido un obstáculo constante para la estabilidad. La supervisión y el control estatal exclusivo sobre las "zonas piloto" buscan debilitar la influencia del grupo militante y reducir las tensiones militares.