Después de semanas en huelga de hambre, los migrantes recluidos en el centro de detención Delaney Hall, en Nueva Jersey, pusieron fin a su protesta sin lograr mejoras en las condiciones que reclamaban. La medida, iniciada a finales de mayo, implicaba demandas para una mejor alimentación, atención médica adecuada, acceso a agua potable, cese de malos tratos y la liberación de personas enfermas y menores de edad.

La protesta, que reunió a más de 300 detenidos, terminó luego de la aplicación de medidas disciplinarias como el aislamiento y otras sanciones, según reportaron activistas y la organización Eyes on ICE. Además, varias personas fueron trasladadas a diferentes centros de detención en otros estados, lo que dificultó su localización y comunicación con familiares y abogados.

Durante la huelga, se registraron enfrentamientos entre vigilantes de U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE) y quienes apoyaban a los huelguistas en una vigilia externa. El centro, uno de los más grandes de la costa este de Estados Unidos, restableció parcialmente las visitas, pero con restricciones estrictas en cuanto a duración, frecuencia y acceso limitado solo a familiares autorizados por listas manejadas por la empresa encargada de la administración.

En fechas recientes, se reportó que decenas de visitantes fueron impedidos de ingresar, incluso durante el Día del Padre, lo que generó críticas por la falta de transparencia y acceso. Por otra parte, organizaciones defensoras denunciaron que también existen barreras para que los detenidos puedan comunicarse con representantes del Congreso, lo que limita la supervisión externa sobre las condiciones de detención.