Durante su visita a China, el presidente Donald Trump ingresó al Gran Salón del Pueblo en Beijing para sostener una cumbre clave con Xi Jinping, en la que abordaron varios temas bilaterales y globales de interés prioritario. El encuentro centró su atención en la revisión del acuerdo comercial entre ambas potencias, las tensiones en torno a Taiwán y el papel de China en la actual crisis en Irán.
En el contexto de esta cita, Washington ha urgido a Pekín a ejercer presión sobre Teherán, principal aliado comercial de Irán, para que facilite la reapertura del Estrecho de Ormuz, vía estratégica para el tránsito petrolero mundial. Esta solicitud se inscribe en un intento de disminuir la escalada de tensión en el golfo Pérsico, región vital para el comercio energético global.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, aclaró que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ofrecerán apoyo en la seguridad durante partidos del Mundial, pero descartó que participen dentro de los estadios o realicen operativos masivos, a fin de evitar controversias durante el evento. Esta medida refleja las preocupaciones sobre la seguridad interna en un contexto internacional delicado.
Además de los temas de seguridad y comercio, la visita evidenció que los desencuentros persistentes entre Estados Unidos y China van más allá del terreno económico y afectan asuntos estratégicos y geopolíticos de amplio alcance. Ambos países parecen apostar por la diplomacia para manejar las diferencias, aunque con desafíos complejos y en medio de tensiones regionales crecientes.

