Hace cinco años, una operación policial en Alicante capturó al supuesto cerebro detrás de una de las mayores estafas con criptomonedas ocurridas hasta entonces, asociada a la empresa RentBitcoin. Esta trama habría defraudado cerca de diez millones de euros a alrededor de 140 víctimas. Pocos conocen que el éxito en la investigación y la incautación de los activos digitales se debió en gran medida a la intervención de Javier Fadón, un exmilitar convertido en detective privado especializado en blockchain.

En aquel momento, incluso unidades especializadas de la Policía, como la UDEF, enfrentaban dificultades para seguir el rastro de criptomonedas debido a la complejidad técnica. Sin embargo, uno de los aspectos más destacados de la tecnología blockchain es la trazabilidad, ya que todas las transacciones quedan registradas de forma inalterable. Aprovechando esta característica, Fadón localizó cerca de treinta carteras virtuales (wallets) con aproximadamente un millar de bitcoins, cuyo valor superaba entonces los 50.000 euros cada uno.

Gracias a la investigación de Fadón y su equipo, el presunto responsable de la estafa fue enviado a prisión preventiva durante tres años. Su trabajo trascendió la investigación privada: en ausencia de protocolos claros para el manejo de criptoactivos, el detective colaboró con la Policía Nacional impartiendo formación específica. Enseñó a los agentes cómo bloquear criptomonedas en plataformas como Binance y la importancia de asegurar los dispositivos físicos que contienen las claves criptográficas, garantizando así la custodia de los activos incautados.

Fadón insiste en que la mayor vulnerabilidad no está en la tecnología blockchain, sino en el factor humano. Sostiene que el problema reside en el uso fraudulento de los criptoactivos para montar esquemas Ponzi o piramidales. Explica que los estafadores explotan redes sociales como Telegram o Tinder y se apoyan en figuras públicas para generar confianza y atraer víctimas a través de promesas irrealistas de rentabilidad.