El consumo de drogas de diseño en México ha experimentado un aumento significativo, especialmente entre la población joven, desplazando paulatinamente a las sustancias tradicionales como la marihuana y el alcohol. La metanfetamina cristal se ha convertido en la tercera droga más consumida y es considerada la principal «droga de impacto» en varios estados del país.

Aunque el alcohol y la marihuana continúan siendo las sustancias más consumidas, expertos alertan sobre la rápida incorporación al mercado de nuevas drogas sintéticas como el éxtasis (MDMA), la mefedrona, NBOMe y flakka. Estas sustancias pueden provocar efectos severos, incluyendo episodios de psicosis aguda y conductas violentas, complicando la atención en centros especializados.

Desde el Centro de Integración Juvenil de Victoria (CIJ), se señala que las drogas de diseño representan ya el tercer motivo de consulta médica, reflejando no solo problemas de adicción sino también trastornos mentales asociados. Estas alteraciones psicológicas tienden a agravarse con el consumo de estas sustancias, lo que agrava el panorama sanitario.

Por otro lado, el alcohol continúa siendo considerado el mayor problema debido a su arraigo cultural y social, lo que conlleva a una baja percepción de riesgo entre los jóvenes. A diferencia de las drogas ilegales, su normalización disminuye la vigilancia y dificulta las estrategias de prevención. A esto se suma el consumo habitual de tabaco, y la reciente popularización de los vapeadores, los cuales a pesar de ser visualizados como una alternativa segura, contienen sustancias químicas que representan un daño inmediato a la salud cerebral.

Frente a este complejo escenario, los especialistas enfatizan la necesidad de fortalecer las políticas públicas en prevención, centradas en evitar el abuso del alcohol y el tabaco, así como en desalentar el consumo de drogas sintéticas. El reto es simultáneo: frenar la expansión de estas sustancias de alto riesgo, sin perder de vista las adicciones asociadas a productos legales que permanecen profundamente integrados en la vida social de los jóvenes.