En una ofensiva reciente, Ucrania lanzó un ataque coordinado contra casi 80 embarcaciones vinculadas a la llamada ‘flota fantasma’ rusa, compuesta principalmente por petroleros cuyo propósito es eludir las sanciones económicas impuestas por Occidente. La operación alcanzó un máximo histórico de impacto en una sola semana, con más de veinte petroleros golpeados en una sola noche.

La ‘flota fantasma’ es un conjunto de barcos que intentan sortear los controles internacionales para mantener el comercio de hidrocarburos pese al embargo. Estos buques suelen cambiar de bandera y navegar en rutas no convencionales para evitar la detección y el bloqueo. La estrategia de Ucrania apunta a interrumpir estas actividades para debilitar las capacidades financieras y logísticas de Rusia en el contexto del conflicto.

Paralelamente, otros hechos globales también afectan el control estratégico de rutas marítimas. Por ejemplo, en el estrecho de Ormuz, un punto vital para el transporte de energía, Irán anunció el cierre temporal a todo tránsito que no se ajuste a zonas autorizadas, tras varias advertencias incumplidas. Esta medida marca un incremento de tensiones en una región clave para la economía mundial y añade incertidumbre en la circulación de mercancías.

Estos eventos reflejan cómo el conflicto y las políticas de sanciones no solo afectan el terreno terrestre sino también el acceso y control de vías marítimas esenciales. El bloqueo y la destrucción de activos navales tienen un impacto directo en las cadenas de suministro globales, en especial en sectores energéticos. La dinámica continuará siendo un foco de atención para gobiernos y mercados internacionales.