Gabriela Hearst atribuye a su infancia en el campo uruguayo la inspiración fundamental para desarrollar su visión sobre la moda sostenible y de alta calidad. Crecer rodeada de cielos estrellados, animales y detalles simples del mundo rural le mostró lo que ella llama “la belleza de verdad”, un concepto que luego trasladaría al diseño de prendas con fibras naturales, producidas artesanalmente y con un bajo impacto ambiental.
Tras consolidar su carrera en Nueva York y ocupar una posición destacada como primera latinoamericana al frente de la casa francesa Chloé, Hearst ha llevado su marca personal a un reconocimiento internacional. Celebridades de renombre han adoptado sus piezas, pero ella insiste en que su aprendizaje sobre calidad y sustentabilidad proviene íntegramente de su país natal, un lugar marcado por la tradición ganadera y la cercanía con la tierra.
Desde muy joven, Gabriela presenció cómo la ropa tenía un valor especial en su familia: prendas hechas a mano para ocasiones únicas, como el ajuar matrimonial o la llegada de un hijo, que se heredaban de generación en generación. Esta práctica contrasta con el modelo actual de consumo acelerado y masivo que promueve la moda rápida. Para Hearst, la clave está en elegir calidad y atemporalidad en lugar de cantidad, aunque reconoce las limitaciones económicas que esto implica para la mayoría.
En una reflexión sobre las tendencias globales, la diseñadora enfatiza que, incluso con el avance de la inteligencia artificial y la digitalización, el trabajo manual y la creación artesanal seguirán teniendo un valor insustituible. La singularidad humana, expresada en la dedicación artesanal, es un elemento que en su opinión cobrará aún mayor relevancia en los próximos años.
En Uruguay, Gabriela trabaja con Manos del Uruguay, una red de cooperativas de mujeres tejedoras que produce prendas con técnicas tradicionales como el telar manual. Este vínculo refuerza su compromiso con la sustentabilidad y el desarrollo comunitario, y sostiene un modelo de producción que privilegia la calidad, la ética y el respeto por el entorno.
Aunque la moda sostenible sigue siendo un desafío en términos de acceso y costos, Hearst impulsa un cambio de mentalidad en los consumidores. Señala que la ropa vintage y de segunda mano son alternativas reales y accesibles, que permiten reducir el consumo excesivo sin renunciar a la calidad.

