Más de la mitad de los jóvenes profesionales de la generación Z optan por no ocupar puestos de mando intermedio, al considerar que representan altos niveles de estrés sin una recompensa adecuada. Este rechazo al modelo clásico de liderazgo se expresa en una preferencia por el crecimiento profesional basado en habilidades y especialización, más que en la gestión jerárquica de equipos.

En contraste, las empresas siguen valorando los mandos intermedios como piezas clave para su funcionamiento, lo que genera una tensión entre las necesidades corporativas y las aspiraciones de estos jóvenes. Solo una minoría acepta estructuras jerárquicas tradicionales, mientras la mayoría apuesta por entornos laborales más colaborativos y planos.

La consultora Robert Walters informó que, en el Reino Unido, el 52 % de la generación Z no desea ser jefe, y el 69 % relaciona esos cargos con estrés excesivo. Por su parte, un informe global de Deloitte que abarcó a más de 22.000 personas en 44 países reveló que apenas un 6 % ve el liderazgo formal como objetivo principal, aunque un 76 % aspira a roles de alta dirección, siempre que estos se alineen con nuevas condiciones más flexibles y saludables.

Este fenómeno, conocido en inglés como «conscious unbossing» (renuncia consciente a ser jefe), refleja una transformación cultural que cuestiona la tradicional escalera corporativa donde el éxito se mide por la autoridad y control. Para los “zoomers”, el ascenso no puede implicar sacrificios desproporcionados en la calidad de vida ni una disponibilidad laboral ilimitada.

En esencia, la generación Z mantiene ambición profesional, pero redefine qué significa crecer en el trabajo. Prefiere valorarse por su especialización y equilibrio personal antes que competir por cargos autoritarios que consideran estresantes y poco gratificantes. Esto plantea un desafío para las organizaciones, que deberán adaptar sus estructuras para retener talento y responder a las nuevas expectativas laborales.