En La Habana, los túneles que alguna vez sirvieron como parte de la estrategia defensiva conocida como la “guerra de todo el pueblo” permanecen en desuso y deterioro, lejos del propósito que tuvieron durante el período de mayor tensión con Estados Unidos. Estos refugios, concebidos para proteger a la población en caso de ataque, están hoy invadidos por la maleza, plagas y escombros.

Un recorrido por la ciudad revela escenas de abandono. En la Colina Lenin, uno de estos túneles está inundado con agua contaminada y convertido en basurero, mientras ratas e insectos de todo tipo hacen su hábitat en el lugar. Otro túnel en el municipio de Regla permanece cegado, mientras que los espacios visibles en Alamar, en La Habana del Este, están próximos a colapsar y resultan inseguros incluso para quienes viven cerca.

Vecinos de esas zonas describen esos refugios subterráneos como lugares insalubres y peligrosos. Uno relata que hace años se encontraron restos humanos en un túnel, lo que confirma que ya no cumplen función alguna relacionada con su diseño original. En el reparto Camilo, también en La Habana del Este, se mantiene una antigua construcción militar al nivel del suelo, rodeada de maleza y con espacios interiores impracticables, convertida solo en testigo de un pasado en el que la vigilancia y el miedo a una invasión eran moneda corriente.

La “guerra de todo el pueblo” fue una política impulsada por Fidel Castro desde los años 80 y establecida formalmente en la Ley de Defensa Nacional de 1994, en pleno periodo especial, que consistía en movilizar a toda la sociedad para contribuir a la defensa nacional. Esta estrategia se basaba en la utilización de todos los recursos y fuerzas tanto del Estado como de la población para responder a una eventual agresión extranjera, con un sistema de defensa territorial que involucraba desde la construcción de refugios hasta la formación de voluntarios.

En su momento, cualquier actividad civil —como la construcción de viviendas o escuelas— podía detenerse para destinar mano de obra y materiales a la apertura de estos túneles y otros sistemas defensivos. Sin embargo, en la actualidad, estas infraestructuras han perdido toda su función y están en condiciones precarias que contrastan con los discursos oficiales que aún mencionan la vigencia de esa estrategia.

El deterioro de estos refugios no solo refleja el paso del tiempo, sino también un cambio real en el contexto político y militar del país, donde esas construcciones ya no representan un elemento clave de la defensa nacional. En lugar de mantenerlos activos, muchos fueron simplemente abandonados, lo que pone en evidencia que la “guerra de todo el pueblo” se ha convertido más en un símbolo que en una realidad operativa.