En México, cerca de 12 millones de padres tienen únicamente educación básica, mientras que solo una minoría alcanzó estudios superiores, lo que influye directamente en las oportunidades económicas y sociales de sus familias.
Del total de padres en el país, la gran mayoría se mantiene económicamente activos, con casi 18.4 millones participando en el mercado laboral, y una tasa de empleo superior al 97%. Sin embargo, este activo compromiso laboral contrasta con un nivel educativo poco avanzado: más de la mitad cuenta solo con educación primaria o secundaria, y apenas un quinto ha logrado estudiar hasta bachillerato.
El Inegi señala además que la participación en la educación superior es escasa, con menos de uno de cada cinco padres titulados o con posgrado. Un pequeño porcentaje ni siquiera ha recibido escolaridad formal, una realidad que limita el desarrollo de las familias mexicanas.
En cuanto a la estructura familiar, cerca del 63% de los niños y adolescentes convive con ambos padres, reflejando la prevalencia de hogares biparentales. En cambio, los hogares encabezados únicamente por hombres son poco comunes, representando solo un 3% del total. Esta dinámica familiar se relaciona con desafíos sociales profundos, pues más de cuatro millones de hogares carecen por completo de la figura paterna.
Este contexto genera dificultades adicionales para la estabilidad económica de las familias, especialmente en casos de madres separadas. El 67.5% de ellas no recibe pensión alimenticia, lo que agrava la vulnerabilidad y revela una brecha importante en la corresponsabilidad parental y la protección legal.
El panorama general plantea un reto para las políticas públicas, que deben abordar tanto la mejora educativa de los padres como la garantía de apoyo económico y la promoción de estructuras familiares más equitativas para reducir la desigualdad social.

