Desde la primavera hasta principios de verano, las laderas y bancales cercanos a Noez, en Toledo, se transforman en escenarios de una recolección poco convencional: la de la amapola blanca, planta que contiene alcaloides como morfina y codeína, base para el opio. Grupos que se autodenominan "nómadas" llegan en caravanas y vehículos preparados para atravesar terrenos difíciles con el objetivo de cosechar esta planta silvestre, que podría poner en riesgo su salud y seguridad.
Estos recolectores, procedentes de distintos países de Europa, evitan la publicidad de sus actividades para no atraer más personas a la zona. Sin embargo, sus movimientos generan preocupación. En el pasado, el consumo de opio extraído de esta planta ha provocado muertes, como la de un italiano en Albacete y un irlandés en una localidad cercana a Noez. Ambos casos se vinculan directamente al riesgo que implica manipular y usar sustancias derivadas de la amapola silvestre sin control.
La presencia de estos grupos coincide con la campaña anual de cosecha de la amapola, una planta que España cultiva también bajo estricta regulación. La empresa Alcaliber cuenta con autorización del Ministerio de Sanidad para desarrollar cultivos legales y proveer principios activos para tratamientos médicos, principalmente para aliviar el dolor. Estas plantaciones, que suman unas 400 y se extienden por aproximadamente 10.000 hectáreas en zonas secretas de Castilla-La Mancha, están protegidas por vigilancia intensiva de la Guardia Civil. El despliegue pretende evitar intrusiones o recolectas ilegales que puedan comprometer un cultivo estratégico para la industria sanitaria española.
La climatología y condiciones del territorio sitúan a España como líder mundial en la producción de alcaloides para uso terapéutico, superando a países como Francia, Turquía o India, según datos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU. Esa ventaja plantea la necesidad de mantener la discreción y la seguridad alrededor de los cultivos, especialmente para respetar la cadena de producción farmacéutica.
Por ahora, las autoridades mantienen un seguimiento constante en la zona, particularmente en asentamientos temporales donde estos "vampiros del opio", como se les denomina, se concentran junto a perros y vehículos camperizados. Aunque su intención es recolectar la amapola silvestre, su actividad incrementa la vulnerabilidad del área y la alarma de los agricultores farmacéuticos, quienes insisten en preservar la exclusividad y seguridad de los cultivos legales.

