El Puente Nichupté, una obra clave para la movilidad en Quintana Roo, abrió oficialmente hace poco, pero ya enfrenta serios cuestionamientos por fallas en su estructura. Aparecieron apuntalamientos temporales bajo varios tramos del viaducto, lo que indica posibles asentamientos y hundimientos en las pilas de soporte. Estas señales surgieron apenas días después de la inauguración y del despliegue oficial de la obra como un proyecto emblemático del gobierno federal.

Las imágenes y análisis técnicos difundidos revelan que algunas secciones presentan deformaciones visibles, conocidas como “jorobas”, debidas al descenso desigual de ciertas pilas laterales. El ingeniero civil Wilberth Esquivel explicó que estos apuntalamientos están diseñados para aliviar la carga que soportan las estructuras afectadas, sugiriendo un problema de asentamiento diferencial. Este fenómeno ocurre cuando partes de la cimentación se hunden más que otras, lo que compromete la uniformidad y estabilidad del puente.

Construir sobre la laguna Nichupté implica complejidades geotécnicas considerables. La zona se caracteriza por un subsuelo formado mayoritariamente por piedra caliza porosa, cavernas y sedimentos blandos, sumados a la presencia constante de agua salobre y alta humedad. Estas condiciones exigen cimentaciones profundas y técnicas especiales para asegurar la resistencia de las estructuras. Sin embargo, el terreno tiene alta variabilidad y riesgo de movimientos diferenciales que afectan directamente a las pilas del puente.

Además, el entorno costero somete a la infraestructura a agentes corrosivos como la salinidad y la humedad, junto con eventos climáticos severos como lluvias intensas y huracanes. Estas condiciones aceleran el desgaste y elevan los costos de mantenimiento a lo largo de toda la vida útil de la obra, obligando a un monitoreo constante para evitar daños mayores.

Desde su inicio, el proyecto enfrentó retrasos y un incremento considerable en su presupuesto. Se había prometido una inversión cercana a cinco mil millones de pesos, pero el costo final superó los diez mil millones, más del doble del monto previsto inicialmente. Sumado a la demora de casi dos años, esto encendió críticas sobre la gestión y planificación de la construcción.