La imagen del cuerpo sin vida de Aylan Kurdi en una playa de Turquía fue el motor que impulsó a Óscar Camps a actuar en 2015 en la isla griega de Lesbos, dando inicio a una década de rescates y ayuda humanitaria con Open Arms. Lo que en un principio fue una respuesta puntual a la crisis migratoria provocada por la guerra civil en Siria, terminó consolidándose como una de las ONG más importantes dedicadas al salvamento marítimo y la protección de migrantes y refugiados.

En estos diez años, Open Arms ha logrado salvar más de 73.000 vidas de personas que huían de conflictos bélicos, desastres naturales, persecución o pobreza extrema. Sin embargo, según su fundador, la existencia misma de esta organización refleja una situación que no debería darse: la persistencia de graves crisis humanitarias y la falta de respuestas adecuadas de las instituciones internacionales.

Camps destaca que la evolución en esta década no ha sido alentadora. A la prolongación del conflicto sirio se sumaron el auge de la extrema derecha en Europa, políticas migratorias cada vez más restrictivas, bloqueos administrativos y una vulneración constante de los derechos humanos y del derecho internacional. Así, lo que podría haber sido una emergencia temporal se convirtió en un largo periodo marcado por la decepción y la frustración ante la falta de voluntad política y la hipocresía de instituciones europeas, que a menudo contradicen sus propios principios mientras proveen armas a países involucrados en conflictos.

En este contexto, Open Arms también ha extendido su labor a otras áreas de crisis, como la guerra en Ucrania, la emergencia en Gaza, episodios de inundaciones en Europa o durante la pandemia de COVID-19, poniendo en relieve la continua demanda de ayuda humanitaria más allá del Mediterráneo. Sin embargo, la organización ha tenido que enfrentar además la desprotección en las fronteras, donde fuerzas como Frontex han sido acusadas de inacción frente a actos de violencia y detenciones ilegales en aguas internacionales.

Óscar Camps participó en una reciente conferencia en el Museo MARCO, donde subrayó la contradicción de una Europa que presume de derechos humanos pero que, en la práctica, permite que se violen de forma sistemática. La ONG continúa activamente su misión a pesar de las dificultades, en un escenario donde la solidaridad y la legalidad parecen encontrarse con numerosos obstáculos.