La muerte de una mascota representa para muchas personas un duelo comparable al que se siente por la pérdida de un familiar, lo que impulsa la expansión de servicios funerarios especializados para animales de compañía. Estos incluyen velatorios, incineraciones, urnas personalizadas, así como productos innovadores como joyas que contienen el ADN del animal o huellas de recuerdo, destinados a acompañar a los dueños en el proceso de despedida.
La legislación vigente en materia de protección animal prohíbe el abandono o entierro de cadáveres de mascotas en jardines privados y obliga a que el destino final del cuerpo sea gestionado a través de servicios veterinarios confiables. Además, obliga a comunicar el fallecimiento para dar de baja la identificación del animal. Sin embargo, estas normas no abordan el apoyo emocional que necesitan los propietarios, un aspecto que queda en manos de la industria funeraria especializada.
Empresas pioneras en esta área, como una gerencia catalana que desde 2017 ofrece tanatorios para mascotas, reportan que la demanda ha crecido considerablemente. Hoy operan alrededor de media docena de compañías similares en la región, reflejando una tendencia que se replica en distintas comunidades. Estos servicios ofrecen acompañamiento integral que va desde la preparación del cuerpo y la realización de ceremonias, hasta la entrega de las cenizas en urnas decorativas, así como opciones personalizadas para mantener vivo el recuerdo del animal.
Los testimonios de quienes han atravesado este proceso revelan la importancia del cuidado y los rituales en esta etapa. Un ejemplo es el de una mujer madrileña que vivió la experiencia de sacrificar a su gato tras años de convivencia, debido a enfermedades crónicas. Describió un duelo intenso y prolongado, señalando que el vínculo emocional fue tan fuerte como con un familiar humano y que la experiencia le generó una carga afectiva significativa.
En respuesta a esta realidad, los servicios funerarios especializados han incorporado opciones que antes eran impensadas. Por ejemplo, ofrecen urnas que permiten conservar huellas digitales o moldes de las patas, además de joyas que contienen fragmentos del ADN del animal, para que sus dueños puedan sentirse acompañados tras la pérdida. Estas novedades buscan dar una dimensión simbólica y concreta a la memoria que el animal deja en la familia.

