Casi una de cada diez personas sufre enfermedades causadas por alimentos contaminados, lo que provoca cientos de miles de muertes anuales a nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre las víctimas más vulnerables se encuentran los niños menores de cinco años, quienes representan un porcentaje significativo de estas muertes.
Para enfrentar esta problemática, la OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han promovido acciones preventivas durante el Día Mundial de la Inocuidad Alimentaria, con el lema “De la carga a las soluciones: alimentos inocuos en todas partes”. Estas agencias insisten en la aplicación de intervenciones basadas en evidencia científica a lo largo de toda la cadena de suministro para proteger la salud del consumidor.
Una de las propuestas innovadoras para reducir la contaminación alimentaria son las soluciones electrolizadas de superoxidación (SES) con pH neutro. Estas tecnologías permiten inactivar virus, bacterias, hongos y parásitos sin generar toxicidad en humanos. Además, las SES resultan menos corrosivas, fáciles de usar y respetuosas con el medio ambiente en comparación con desinfectantes tradicionales. Son útiles para combatir problemas como la contaminación cruzada, el desarrollo de biofilms y la creciente resistencia antimicrobiana, fenómenos que afectan la calidad y seguridad de los alimentos.
En el ámbito doméstico, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) destaca cinco prácticas esenciales para garantizar alimentos seguros:
- Lavarse las manos y limpiar las superficies regularmente.
- Utilizar agua potable y materias primas seguras.
- Separar alimentos crudos de los ya cocinados.
- Conservar los alimentos a temperaturas adecuadas.
- Cocinar completamente los alimentos antes de consumirlos.
El químico en alimentos Andrés Rivera García, representante de Esteripharma, subrayó que la inocuidad alimentaria debe ser vista como una responsabilidad colectiva que exige compromiso y mejores prácticas respaldadas científicamente. Según Rivera García, uno de los objetivos para el próximo año es consolidar la gestión de riesgos en todo el sistema alimentario para que la seguridad y la inocuidad sean prioridades permanentes en la salud pública.

