El rol del CEO ha cambiado radicalmente y hoy encarna una profesión expuesta a un riesgo constante, no solo por los resultados empresariales, sino también por la presión pública y la gestión de su imagen más allá de la oficina. Iñaki Ortega, economista y director general de Llorente & Cuenca en Madrid, señala que la carrera de un consejero delegado puede tambalearse tras un solo error o polémica que se viralice en redes sociales.
Ortega, con una larga trayectoria asesorando a grandes empresas del Ibex 35, ha plasmado esta realidad en su último libro "¿De verdad quieres ser CEO? Liderazgo Audaz". Esta guía aborda los retos que enfrentan los líderes en tiempos donde la inteligencia artificial, la hiperconectividad y las crisis geopolíticas imponen una complejidad sin precedentes en la toma de decisiones ejecutivas.
Detrás de esta nueva era de liderazgo hay casos recientes que ilustran la fragilidad del puesto. Por ejemplo, el abrupto despido del CEO de Nestlé por una relación personal no autorizada o escándalos que se viralizan luego de eventos públicos, como ocurrió con un director ejecutivo durante un concierto. Ortega identifica que los líderes que adoptan actitudes arrogantes o ególatras frente a estos desafíos están destinados a quedar obsoletos.
No obstante, España cuenta con ejecutivos destacados que demuestran que es posible liderar con éxito. Ortega menciona a figuras como Toni Ruiz, de Mango, y Juan Santamaría, de ACS, como ejemplos de directivos con visión y capacidad que mantienen la ambición empresarial viva en el país.
Sin embargo, advierte que la creciente desconfianza hacia los líderes empresariales puede erosionar las vocaciones de quienes aspiran a estos cargos. Por eso su libro busca también resaltar que llegar a ser CEO demanda mérito, habilidades excepcionales y un nivel de rendimiento que supera las expectativas habituales.
El economista explica que esta transformación del liderazgo ha provocado que ser CEO sea “una profesión de moda” que atrae a muchos, pero pocos realmente comprenden la presión constante, las responsabilidades y el escrutinio público que conlleva el cargo. La posibilidad de perder el puesto ya no depende únicamente de resultados financieros, sino también de factores como la gobernanza y la reputación, marcadamente influenciada por las redes sociales.
Esta nueva realidad obliga a los ejecutivos a adaptarse, desarrollar resiliencia y asumir un liderazgo audaz, que no solo gestione la empresa, sino también su propia imagen pública en un entorno donde todo movimiento es examinado y cualquier error puede tener consecuencias inmediatas y definitivas. Ortega propone así un liderazgo consciente de estos riesgos pero que no renuncia a la ambición ni a la innovación.

