En un contexto de estrecha cooperación legal entre México y Estados Unidos, las autoridades mexicanas han solicitado un número significativo de extradiciones a su vecino del norte desde 2018, sin que hasta el momento hayan recibido una sola respuesta favorable. Este dato revela el reto que enfrentan ambos países para avanzar en la justicia transfronteriza, especialmente en casos vinculados con el crimen organizado.

La falta de entregas efectivas complica la persecución judicial de personas que, acusadas de delitos graves en México, se encuentran protegidas por jurisdicciones estadounidenses. Aunque la extradición es una herramienta fundamental para la combate del narcotráfico y la delincuencia, la demora o negativa en su aprobación genera vacíos en la cadena de justicia y cuestiona la eficacia de los mecanismos bilaterales.

Además de este problema con las extradiciones, México enfrenta desafíos en la seguridad interna con la destrucción reciente de miles de armas aseguradas y detenciones relacionadas con crímenes violentos. Paralelamente, se implementan tecnologías como el sistema Codis del FBI para ayudar en la identificación rápida de restos humanos, aunque la adopción aún no cubre regiones con crisis forenses profundas. En este contexto, las autoridades mexicanas continúan impulsando reformas y proyectos para reforzar la colaboración internacional y mejorar la respuesta judicial frente a la violencia.