La definición de candidaturas en Morena para las próximas elecciones estatales y federales provocó un ambiente tenso, marcado por acusaciones, descalificaciones y acciones para desprestigiar a otros aspirantes dentro del mismo partido. La pugna no se centra solo en ganar votos, sino en desplazar a rivales internos para asegurar un lugar en las boletas electorales.

Con más de una decena de gubernaturas, cientos de distritos federales y miles de presidencias municipales en juego, los militantes de Morena intensificaron sus estrategias, muchas veces en forma oculta o a través de campañas digitales, para debilitar a sus competidores. La dirigencia nacional, en particular Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, intentó mantener una imagen de unidad, pero no logró contener la creciente confrontación.

En varios estados la disputa es particularmente ácida. En Baja California, un funcionario federal acusó al alcalde de Tijuana de estar bajo investigación, mientras éste respondió señalando a un senador como responsable de ataques en su contra. Además, una exdiputada se sumó a la confrontación contra ambos políticos, evidenciando una lucha de poder sin concesiones.

La situación también es caótica en Baja California Sur, donde senadores, diputados y otros dirigentes locales se enfrentan en una batalla abierta por el control y la candidatura. Esta dinámica se replica en Campeche, donde, apesar de que la dirigencia nacional intenta mostrar una candidatura oficial, la gobernadora apoya a un aspirante distinto, generando tensiones que potencian el conflicto interno.

Los gobernadores en funciones intentan imponer a sus herederos políticos en varios estados, lo que añade un componente más a la compleja batalla interna por el control partidario. La designación de coordinadores estatales para la Defensa de la Transformación es vista por muchos como un mecanismo para consolidar candidaturas oficiales de facto.