Pedro Sánchez alcanzó un nuevo récord al superar los 2.905 días en el cargo y convertirse en el segundo presidente del Gobierno español con mayor permanencia desde el retorno de la democracia, superando a José María Aznar, quien gobernó durante dos legislaturas completas. Este hito destaca en un contexto europeo donde la estabilidad política es cada vez más escasa.
En comparación con otros líderes de la Unión Europea, Sánchez es también el segundo jefe de gobierno con mayor antigüedad entre los socios comunitarios, sólo por detrás del croata Andrej Plenković y con un margen importante respecto a la danesa Mette Frederiksen. Esta longevidad gobiernal se interpreta desde Moncloa como un signo de estabilidad política y social, en contraste con países cercanos que atraviesan crisis frecuentes y cambios constantes de liderazgo.
La inestabilidad se refleja con claridad en ejemplos como Francia, que ha tenido cuatro primeros ministros en poco más de dos años y medio, o en Italia y Reino Unido, con múltiples cambios de liderazgo en la última década. En Gran Bretaña, la crisis política persiste, evidenciada en las disputas internas del partido laborista y la incertidumbre sobre la continuidad de Keir Starmer en Downing Street tras las recientes elecciones municipales.
Desde la perspectiva del Ejecutivo español, esta continuidad permite una supuesta capacidad para negociar y alcanzar acuerdos con otras fuerzas políticas, incluso pese a enfrentar legislaturas sin Presupuestos aprobados. Además, el Gobierno resalta la mejora en las relaciones institucionales con Cataluña tras el ‘procés’ y subraya que Pedro Sánchez es el único presidente desde la democracia que no ha vivido ninguna huelga general, aunque sí se han producido huelgas sectoriales significativas, como las de médicos y maquinistas.
Fuentes gubernamentales relacionan esta estabilidad política con un crecimiento económico sostenido durante su mandato, sosteniendo que la presencia prolongada de un liderazgo firme contribuye a ese entorno favorable. El propio Sánchez ha señalado en conversaciones informales que la estabilidad es clave para la evolución positiva de la economía española.
Por otro lado, la oposición acusa al Gobierno de bloqueos legislativos y falta de presupuestos, responsabilizando al PP de generar obstáculos, especialmente tras elecciones autonómicas adelantadas. En Extremadura, por ejemplo, la negociación compleja con Vox retardó la formación de gobierno casi cinco meses, algo que desde los socialistas se considera dañino para la actividad económica regional.

