Hace quince años, el 15-M irrumpió en la escena española como un movimiento social transversal que cuestionaba el sistema político establecido con el lema “no nos representan”. Este malestar ciudadano no se canalizó de inmediato hacia partidos políticos, sino que primero dio lugar a una serie de movidas sociales conocidas como las mareas ciudadanas, que defendían servicios públicos como la sanidad, la educación y el agua.

La evolución de este activismo desembocó en un cambio profundo en el sistema político nacional. Según expertos, lo que comenzó como un “momento destituyente”, con una crítica directa al bipartidismo, pasó a ser un “momento constituyente”. La irrupción de Podemos, junto con el surgimiento de Ciudadanos como un partido defensor de la regeneración política, rompió la hegemonía de PSOE y PP, pasando de un sistema casi bipartidista a uno multipartidista. Antes del 15-M, esos dos partidos sumaban más del 77% en intención de voto, mientras que formaciones como Izquierda Unida y UPyD tenían una presencia marginal.

Con Podemos convirtiéndose rápidamente en la fuerza política más votada en diversos barómetros y conquistando alcaldías importantes, se produjo una nueva etapa que llevó a la primera coalición de gobierno desde la democracia, con Pedro Sánchez a la cabeza. No obstante, la fragmentación política no surgió sola, sino que fue consecuencia de problemas estructurales como la crisis económica, la corrupción y la insatisfacción con el sistema político dominante, que el 15-M evidenció y puso en la agenda pública.

Este movimiento social también contribuyó a formar nuevos líderes y cuadros políticos que encabezaron la llamada “nueva política”. Tanto Podemos como Ciudadanos, aunque con enfoques distintos, fueron portadores de las demandas generadas por el 15-M. Podemos adoptó un discurso más populista y crítico con la “casta” política, promoviendo la participación ciudadana desde abajo. Ciudadanos, por su parte, se presentó como una opción tecnocrática que proponía reformas institucionales para limitar el poder discrecional de los políticos.

El impacto del 15-M cambió la dinámica del voto de protesta, que ahora se ha desplazado a otros partidos y espacios políticos, reflejando cómo la reivindicación social inicial ha evolucionado y diversificado sus canales de expresión dentro del sistema democrático español.