Ulises Ruiz Pérez, dirigente sindical de la Sección 30 del SNTE en Tamaulipas, se ha convertido en una figura repudiada por buena parte de los trabajadores de la educación debido a su gestión conflictiva y las protestas que ha organizado. Su permanencia al frente del sindicato ha generado un ambiente de confrontación constante que afecta la estabilidad educativa.
Ruiz Pérez ha impulsado paros de labores, tomas de oficinas y manifestaciones que, según críticos, están destinadas a proteger irregularidades y favorecer a ciertos grupos dentro del gremio. Esta dinámica sindical ha creado tensiones profundas con las autoridades educativas y ha dividido a los propios maestros, muchos de los cuales rechazan su estilo autoritario y actitudes de favoritismo.
En un intento por fortalecer su imagen y legitimidad, Ruiz Pérez solicitó la bendición del Obispo Eugenio en Matamoros, buscando presentarse como un «siervo de Dios» dentro del sindicato. Sin embargo, esta estrategia no ha logrado amortiguar el descontento generalizado entre la base trabajadora, que lo acusa de traicionar sus intereses y fomentar el conflicto en lugar del diálogo.
El conflicto interno se refleja también en las disputas que ha mantenido con supervisores escolares como Rolando Maldonado Hernández, quien ha sido señalado por exigir mayor compromiso y asistencia de los docentes, frente a prácticas como la delegación de clases a representantes no oficiales o la falta de cumplimiento en sus labores. Estas diferencias han intensificado la división dentro del sistema educativo local.
Para promover sus intereses, Ruiz Pérez ha organizado manifestaciones incluso frente a Palacio de Gobierno, convocando a docentes ajenos a las problemáticas reales pero dispuestos a respaldarlo para simular un apoyo masivo. Esta maniobra recuerda a métodos sindicales clásicos de movilización controlada, con fines más políticos que gremiales.
El dirigente parece buscar consolidar su liderazgo valiéndose de apoyos provenientes tanto del propio SNTE nacional como del ámbito eclesiástico, aunque sus métodos y resultados siguen cuestionados. La desconfianza que genera entre los maestros se traduce en un ambiente sindical polarizado, que amenaza con deteriorar aún más la relación con las autoridades y la calidad educativa en Tamaulipas.

