El gusano barrenador reapareció en México hace diecinueve meses y desde entonces se ha propagado de manera creciente, generando la reactivación de medidas sanitarias en todo el continente. Identificado por primera vez en un bovino en Chiapas, este parásito recorrió casi dos mil kilómetros a través del sureste mexicano, afectando diversas entidades y, finalmente, ingresó a Estados Unidos, donde las autoridades confirmaron casos en Texas y Nuevo México.

La presencia del gusano barrenador obligó al cierre temporal de la frontera ganadera entre México y Estados Unidos y puso en marcha campañas sanitarias de emergencia en ambos países. Se movilizaron recursos federales para vigilar y controlar el brote que, tras décadas de haber sido considerado bajo control, regresó para desafiar la seguridad sanitaria regional.

Este parásito no es un gusano propiamente dicho, sino la larva de la mosca Cochliomyia hominivorax. La mosca deposita sus huevos en heridas abiertas de animales o humanos, y una vez que las larvas nacen, penetran en los tejidos para alimentarse de carne viva. Las infestaciones provocan lesiones graves, infecciones severas y en ocasiones la muerte del animal afectado, constituyendo una amenaza significativa para la ganadería.

Entre el siglo XX y principios del XXI, México y Estados Unidos coordinaron una estrategia conjunta para erradicar esta plaga, basada en la Técnica del Insecto Estéril. Este método consiste en criar grandes cantidades de moscas macho a las que se somete a radiación para esterilizarlas, y luego liberarlas para interrumpir el ciclo reproductivo natural. Gracias a esta estrategia, se logró erradicar el gusano barrenador primero de Estados Unidos y posteriormente de México. Una barrera biológica en Panamá mantenía controlada la plaga desde el sur.

La calma sanitaria terminó con el caso detectado en noviembre de 2024 en Chiapas, que activó alarmas tanto en México como en Estados Unidos. Desde entonces, se establecieron cercos sanitarios, inspecciones y restricciones para limitar la movilización de ganado, intentando contener el avance del parásito hacia el interior del país. Sin embargo, el gusano se dispersó siguiendo los corredores ganaderos del sureste, afectando varios estados incluyendo Tabasco, Campeche, Quintana Roo, Veracruz, Oaxaca y Yucatán.

La expansión de la infestación genera preocupación a nivel regional, no solo por el impacto sanitario sino también por las consecuencias económicas directas en la ganadería, al afectar la movilidad de animales vivos y generar mayores costos en controles sanitarios. Las autoridades sanitarias mantienen operativos intensivos que incluyen vigilancia epidemiológica, campañas de notificación y monitoreo conjunto con Estados Unidos, para evitar una propagación mayor.