A pocos días del inicio de la Copa Mundial 2026, Estados Unidos, México y Canadá reforzaron sus acciones sanitarias para prevenir contagios de ébola en el continente norteamericano, derivado del brote activo en regiones de África oriental y central. La coordinación entre los tres países busca garantizar un ambiente seguro para el desarrollo del evento deportivo.

El gobierno estadounidense, a través de su embajador en México, Ronald Johnson, confirmó que se establecieron protocolos específicos para viajeros provenientes de zonas consideradas de alto riesgo, con el objetivo de proteger la salud pública sin afectar el tránsito normal de personas y bienes durante el torneo que comenzará en México. Canadá, por su parte, implementó medidas fronterizas temporales que incluyen la suspensión de visados para residentes de países como República Democrática del Congo, Uganda y Sudán del Sur, principales focos del brote.

En México, se activaron filtros sanitarios en los principales aeropuertos y se aplicaron protocolos especiales de vigilancia epidemiológica. Las autoridades mexicanas descartaron casos confirmados en el territorio nacional y mantienen que el riesgo de propagación del virus es muy bajo. El secretario de Salud, David Kershenobich, reiteró esta evaluación y subrayó la importancia de mantener un seguimiento estricto en la frontera aérea para anticipar cualquier eventualidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó recientemente el nivel de riesgo del brote a "muy alto", dado el incremento en las muertes sospechosas registradas en los países afectados, además de la alerta que mantiene la Agencia de Salud Pública de la Unión Africana. La vigilancia internacional permanece activa ante la posibilidad de que la epidemia pueda extenderse fuera del continente africano.

Las medidas adoptadas por Estados Unidos, México y Canadá forman parte de un plan conjunto para mitigar cualquier impacto sanitario durante la Copa Mundial, la cual congregará a miles de visitantes internacionales. Este esfuerzo regional busca balancear la protección de la salud con la continuidad del evento y las actividades económicas relacionadas.