El hantavirus de la cepa Andes destaca entre los virus de esta familia por su capacidad única de transmitirse de persona a persona. Aunque representa un riesgo serio, no alcanza niveles de contagio comparables a virus respiratorios como el SARS o el covid-19, según el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC).
El periodo en que una persona infectada puede contagiar a otra comienza aproximadamente 48 horas antes de la aparición de síntomas y se extiende hasta cinco días después. Esta característica supone un desafío para el control del brote, especialmente en ambientes cerrados, como sucedió en un crucero donde se detectó un brote relacionado con la cepa Andes.
Los hantavirus son un grupo de virus asociados a roedores, con dos grandes clasificaciones geográficas: euroasiáticos y americanos. Los primeros suelen causar fiebre hemorrágica con síndrome renal, que puede implicar hemorragias internas e insuficiencia renal aguda. La gravedad varía según la cepa; por ejemplo, las infecciones por Hantaan y Dobrava pueden provocar hasta un 15 % de mortalidad, mientras que otras cepas como Seúl o Puumala son menos letales.
En contraste, los hantavirus americanos, entre los que se encuentra la cepa Andes, provocan principalmente el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, que afecta los pulmones y el corazón. Este cuadro clínico es severo y presenta tres fases, descritas en la Guía Clínica de Hantavirus del Ministerio de Salud de Chile.
La primera fase, denominada prodrómica, dura entre uno y seis días y presenta síntomas generales como fiebre, dolores musculares, cefalea, náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea y molestias articulares. Tras esta etapa inicial, la enfermedad avanza a la fase cardiopulmonar, caracterizada por tos súbita, dificultad respiratoria y alteraciones hemodinámicas.
En esta fase crítica, el paciente puede desarrollar insuficiencia respiratoria severa e insuficiencia cardiaca aguda, situaciones que podrían ser fatales. La mortalidad en esta etapa alcanza entre el 30 % y el 40 %, y los fallecimientos suelen ocurrir dentro de las primeras 24 a 48 horas desde el inicio de los síntomas cardiopulmonares.
El director general de la OMS indicó que, debido al periodo de incubación del virus, se podrían registrar más casos en el futuro. Por tanto, la identificación rápida y el aislamiento de los infectados, especialmente en entornos con posible transmisión persona a persona, son medidas esenciales para mitigar el riesgo.

