La poliomielitis irrumpió como una pandemia silenciosa en España, especialmente en regiones como Extremadura, donde las condiciones económicas limitadas agravaron su impacto. Durante las décadas de 1950 y 1960, cientos de niños contrajeron este virus, que en sus formas más severas atacaba el sistema nervioso provocando parálisis permanente o la muerte en muchos casos.

En Extremadura, la llegada de la vacuna contra la polio se retrasó respecto a otros países, lo que provocó que la epidemia se extendiera sin control durante años. La inmunización masiva comenzó en España solo en 1963, a pesar de que la vacuna estuvo disponible desde 1955. Esta demora, así como la minimización pública del problema, generaron críticas hacia las autoridades de la época.

Los niños afectados enfrentaron consecuencias físicas que perduraron toda su vida. Muchos sufrieron parálisis en extremidades, lo que les obligó a usar muletas, aparatos ortopédicos o sillones de ruedas, además de rehabilitaciones limitadas y básicas. En los pequeños pueblos de Extremadura, la saturación y escasez de recursos hospitalarios complicaron aún más la atención de pacientes durante los picos epidémicos.

Juana Hornero, una de las niñas que padeció polio en la región, recuerda el largo camino marcado por esta enfermedad. Diagnosticada con poliomielitis severa a los dos años, vivió una infancia con necesidades médicas y físicas que no contaron con el apoyo suficiente por parte del sistema institucional. Su testimonio pone de relieve cómo quienes sobrevivieron a la polio fueron invisibilizados incluso tras la llegada de la democracia.

La experiencia de Extremadura refleja una realidad común en zonas de menor desarrollo económico durante aquella época. La falta de atención sanitaria adecuada y la lentitud en implementar la vacunación convirtieron a miles de menores en víctimas de una crisis sanitaria que la historia oficial pasó por alto.

  • La polio se transmitía a través del agua y alimentos contaminados, afectando especialmente a niños pequeños.
  • En toda España, la enfermedad provocó la muerte de más de dos mil niños durante esos años.
  • Los hospitales y sanatorios en Extremadura estaban saturados y no contaban con recursos para rehabilitaciones especializadas.
  • El retraso en la vacunación masiva provocó la prolongación de la epidemia en la región.
  • Los sobrevivientes padecieron discapacidades físicas que marcaron su vida adulta y acceso limitado a apoyos sociales.