Durante años, la sal de mesa ha sido señalada como un factor perjudicial para la salud cardiovascular, pero un experto en salud cardiovascular invita a reconsiderar esta idea. James DiNicolantonio, doctor en farmacia e investigador, sostiene que el verdadero problema podría ser el consumo excesivo de azúcar, no de sal.

Según DiNicolantonio, la percepción negativa sobre la sal se basa en estudios incompletos y ha provocado efectos adversos al promover su reducción indiscriminada. Argumenta que un déficit de sal en la dieta puede estimular antojos de azúcar, contribuir al aumento de peso y provocar resistencia a la insulina, un trastorno metabólico que eleva los niveles de glucosa en sangre.

Este investigador estadounidense también resalta que la sal es un mineral esencial para mantener el equilibrio hormonal, la energía, la concentración y el rendimiento físico. Consumirla en niveles adecuados podría mejorar el metabolismo, la fertilidad y la salud cardiovascular.

En su libro “La solución está en la sal”, DiNicolantonio plantea que no se trata de reducir la sal per se, sino de aprender a integrarla correctamente en la alimentación diaria. En su análisis, la demonización de la sal ha contribuido a problemas como la fatiga crónica, la obesidad y otras enfermedades metabólicas.

La recomendación principal del especialista es no temer al consumo moderado de sal, entendiendo que más allá del cristal blanco tradicionalmente señalado, otros factores, como la ingesta de azúcar, requieren mayor atención cuando se trata de preservar la salud cardiovascular y metabólica.