El abandono del tratamiento farmacológico representa uno de los mayores desafíos en el control del asma, una enfermedad crónica que afecta a más de tres millones de personas en España. Muchos pacientes suspenden su medicación al no presentar síntomas, incrementando significativamente el riesgo de sufrir crisis y complicaciones graves. Así lo explica el doctor Luis Manuel Entrenas, jefe del servicio de Neumología del Hospital Quirónsalud Córdoba, con motivo del Día Mundial del Asma.
La patología inflamatoria crónica de las vías respiratorias aqueja a más de 260 millones de personas en el mundo y provoca más de 450.000 muertes anuales, aproximadamente 900 de ellas en España. Sin embargo, muchas de estas defunciones podrían prevenirse: cerca del 86% de los pacientes no mantiene un adecuado control de la enfermedad. El problema central es que los enfermos abandonan la medicación creyendo que la enfermedad ha desaparecido cuando se sienten bien, sin advertir que la inflamación persiste en las vías respiratorias.
El asma se manifiesta con dificultad para respirar, sensación de falta de aire, opresión en el pecho, tos y silbidos al exhalar. Puede aparecer a cualquier edad y suele estar vinculada a otros procesos inflamatorios o alérgicos como rinitis, dermatitis o sinusitis, lo que complica su diagnóstico y manejo. Una identificación temprana y un tratamiento adecuado mejoran significativamente la calidad de vida de los pacientes.
El infradiagnóstico constituye otra barrera importante. Hay pacientes que tras años atribuyen la tos persistente o la fatiga a alergias o catarros recurrentes sin haber realizado pruebas específicas. El especialista recalca la importancia de las espirometrías y pruebas broncodilatadoras para verificar el diagnóstico e evitar tratamientos inadecuados. Además, el asma sigue rodeada de prejuicios falsos: no es exclusiva de la infancia, no impide el ejercicio cuando está controlada y no genera limitaciones permanentes. Numerosos deportistas de élite conviven con esta condición manteniendo alta actividad física.
La educación sanitaria y la participación activa del paciente son clave para prevenir crisis y reducir hospitalizaciones. No basta con tener acceso a los tratamientos más eficaces si el uso de los inhaladores es incorrecto o si se abandona la medicación por miedo. En la mayoría de los casos, el asma se controla con medicación inhalada y seguimiento especializado, aunque alrededor del 5% presenta formas graves que alteran el sueño y limitan la actividad diaria.
Los nuevos tratamientos biológicos han revolucionado la atención a pacientes con asma grave. Estos fármacos inhiben mecanismos inflamatorios específicos, reduciendo crisis y hospitalizaciones. El especialista destaca que las personas asmáticas reciben frecuentemente mensajes contradictorios y sienten miedo hacia el diagnóstico. Por eso es fundamental explicar claramente la enfermedad y hacer entender que el tratamiento es una prevención constante, no solo una respuesta a los síntomas momentáneos.

