Cuando las temperaturas superan los 35 ºC durante el día y no bajan de 25 ºC por la noche durante varios días consecutivos, el corazón se ve sometido a un estrés que puede derivar en infartos, insuficiencia cardíaca y arritmias. Este impacto no afecta solo a quienes ya tienen patologías previas, sino que representa una amenaza latente incluso para personas sanas. El calor extremo obliga al sistema cardiovascular a un sobreesfuerzo para mantener la presión arterial y la temperatura corporal, lo que puede desestabilizar el funcionamiento normal del corazón.

El aumento creciente de episodios de calor extremo en España, que ha llegado a mantener condiciones de ola de calor en uno de cada tres días del verano reciente, refleja una tendencia vinculada al cambio climático. Este fenómeno meteorológico se ha convertido en un serio problema para la salud pública: en la última década, las muertes asociadas a olas de calor superaron las causadas por accidentes de tráfico, según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III.

La vasodilatación que provoca el calor, junto a la pérdida de líquidos y la consiguiente deshidratación, obliga al corazón a aumentar su trabajo para compensar, lo que puede provocar un desequilibrio en personas con enfermedades cardiovasculares. Los mayores, quienes padecen insuficiencia cardíaca, hipertensión o antecedentes de enfermedad coronaria son especialmente vulnerables en estos episodios. Además, la presencia simultánea de calima y partículas contaminantes en suspensión agrava el riesgo, ya que estas micropartículas pueden influir negativamente en la función cardiovascular y respiratoria.