La periodista Mar Cabra alcanzó el punto más alto de su carrera cuando decidió desconectarse completamente del mundo digital para preservar su salud mental. Tras ganar un prestigioso premio como parte del equipo que investigó los Papeles de Panamá, y tras experimentar un síndrome de agotamiento extremo, optó por alejarse del móvil y las redes sociales, algo poco común en una sociedad dominada por la hiperconectividad.

Cabra relata que la presión constante de las notificaciones y la necesidad de estar siempre disponible le provocaron un desgaste que va más allá del estrés laboral tradicional, conocido hoy como tecnoestrés. Este fenómeno, definido por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, combina fatiga mental y una sensación de incapacidad frente al uso de tecnologías de información y comunicación.

El caso de esta periodista refleja una realidad creciente: muchas personas manifiestan sentirse saturadas ante la obligación social de mantenerse permanentemente actualizadas. Este entorno digital genera una especie de agotamiento cognitivo que empuja a individuos a desconectarse o buscar herramientas que limiten la influencia de las tecnologías en su día a día.

La búsqueda de una "detox digital" se ha traducido en diversas prácticas que van desde usar móviles con funciones básicas, conocidos como “móviles tontos”, hasta participar en retiros que prohíben el acceso a wifi y dispositivos electrónicos. Estos espacios proponen un descanso del flujo incesante de información para restaurar la concentración y el bienestar emocional.

Mar Cabra ahora reconoce que, aunque ha reincorporado el uso del móvil en su rutina, lo hace con límites claros para mantener un equilibrio saludable. Según sus palabras, aprender a gestionar la relación con la tecnología es un desafío diario que permite evitar la procrastinación impulsada por la constante búsqueda de estímulos digitales inmediatos.

Este fenómeno también refleja un cambio cultural importante: mientras las tecnologías avanzan y dominan la comunicación social, crece el interés por recuperar espacios de silencio y desconexión que permitan enfrentar la fatiga digital y mejorar la calidad de vida.