El tabaquismo pasivo no se limita a ambientes cerrados; expertos alertan que el humo del tabaco sigue siendo perjudicial en terrazas y espacios abiertos, donde personas no fumadoras quedan expuestas a sus efectos. Aunque se crea que al aire libre el riesgo desaparece, las partículas tóxicas permanecen en el aire varios minutos, afectando la salud de quien las inhala.
La Organización Mundial de la Salud calcula que el tabaquismo pasivo provoca alrededor de 1.2 millones de muertes anuales en todo el mundo. Esta exposición incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, problemas respiratorios y distintos tipos de cáncer. En especial, afecta a personas con asma, bronquitis crónica o enfisema pulmonar, y en niños puede producir infecciones respiratorias, otitis y aumentar la prevalencia de asma. También se ha relacionado con bajo peso en recién nacidos cuyas madres no fuman pero conviven con fumadores.
Los dispositivos como los cigarrillos electrónicos y los vapes tampoco son inocuos, ya que contienen sustancias nocivas que irritan las vías respiratorias. Adicionalmente, los especialistas coinciden en que no existe una distancia segura para evitar la inhalación de humo al aire libre, pues factores como el viento, la temperatura y la cantidad de personas fumando influyen en la concentración de partículas tóxicas. Los espacios semicerrados o con poca ventilación son particularmente problemáticos.
Un estudio realizado en Barcelona detectó nicotina ambiental en la mayoría de las terrazas analizadas, donde se observó un alto porcentaje de fumadores en espacios públicos. Además del humo, se registró olor persistente a tabaco y abundancia de colillas, especialmente durante la noche y en terrazas parcialmente cerradas. Este hallazgo refleja la necesidad de reforzar las regulaciones para proteger a los no fumadores en estos lugares.
La preocupación aumenta también por el auge del vapeo entre adolescentes, particularmente en España, que presenta una de las tasas más altas de uso de cigarrillos electrónicos en Europa. Los expertos advierten que estas prácticas pueden desencadenar inflamación pulmonar y enfermedades respiratorias graves, manteniendo el tabaquismo y sus variantes como un problema de salud pública vigente.

