La inteligencia artificial (IA), pese a su apariencia autónoma, depende en gran medida del trabajo humano para su desarrollo y funcionamiento. Este proceso involucra la preparación y verificación constante de datos, actividad que realizan principalmente jóvenes adultos en condiciones laborales muy precarias.
El sociólogo Antonio Casilli, investigador en el Instituto Politécnico de París, advierte que mientras los sistemas de IA sigan basándose en el aprendizaje automático, la intervención humana será indispensable. Desde la fase inicial de etiquetado hasta la revisión final de respuestas, miles de trabajadores ejecutan tareas repetitivas y de alta exigencia cognitiva por salarios mínimos, en muchos casos en países con bajos recursos.
Una de las empresas más relevantes en este modelo de negocios es Scale AI, con inversiones millonarias de gigantes tecnológicos como Meta. Scale AI subcontrata a firmas que emplean anotadores de datos para clientes como Microsoft o el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Estas tareas, en apariencia simples, requieren conocimientos especializados en áreas como matemáticas, biología o lenguas poco comunes.
Estas condiciones producen un profundo impacto físico y emocional en los trabajadores. Casilli resalta que muchos sufren problemas de visión, dolores de espalda y trastornos de ansiedad debido a jornadas laborales extremadamente largas, de hasta 20 horas diarias, y sueldos que no corresponden al nivel de exigencia. En algunos casos, ni siquiera se garantiza un pago justo. Esto ha llevado a que se califique esta realidad como una forma moderna de esclavitud.
La disparidad salarial es marcada según la región. Mientras que en países como Estados Unidos y Europa los sueldos pueden situarse entre 30 y 50 dólares la hora para tareas especializadas, en lugares como Kenia los pagos por tareas similares pueden ser tan bajos como una centésima de dólar, pese a que las labores demandan varias horas.
Firmas como Outlier, filial de Scale AI, publican vacantes para expertos en campos específicos, evidenciando la creciente demanda de perfiles altamente cualificados, aunque los estándares laborales y retributivos varían radicalmente. Esta realidad pone en evidencia el costo humano detrás de herramientas de IA cada vez más sofisticadas y su impacto social.

