Samsung reportó una utilidad operativa de 89,4 billones de wones durante el segundo trimestre, un crecimiento superior al 1,800% en comparación con el mismo periodo del año anterior, impulsado principalmente por la fuerte demanda de memorias para centros de datos y aplicaciones de inteligencia artificial.

A pesar de estos resultados financieros excepcionales y unos ingresos que alcanzaron los 171 billones de wones, cerca del doble que en el trimestre anterior, las acciones de la compañía cerraron con una caída cercana al 7%. Esta caída refleja las preocupaciones de los inversionistas respecto a la sostenibilidad del crecimiento y el ritmo de inversión en infraestructuras para inteligencia artificial.

El mercado ya anticipaba un trimestre histórico para Samsung, por lo que los resultados no representaron una sorpresa capaz de impulsar la cotización de sus acciones. En cambio, el foco se desplazó hacia la capacidad de la empresa de mantener el crecimiento, especialmente en la demanda de semiconductores vinculados con la inteligencia artificial, cuyos precios vienen incrementándose en los últimos años.

Además, Samsung enfrenta presiones en su estructura de gastos tras aumentar el pago de bonos a sus empleados, derivado de cambios en su esquema de compensaciones luego de negociaciones sindicales. Este incremento en los costos extraordinarios añade incertidumbre sobre la rentabilidad futura de la compañía en un entorno competitivo y de alta inversión tecnológica.

Los inversionistas también están atentos al tamaño de la inversión en inteligencia artificial que Samsung deberá realizar para mantenerse a la vanguardia. El alto gasto en capital requerido para esta carrera tecnológica genera dudas sobre el balance entre beneficios y gastos a mediano plazo.