La cercanía del Mundial de Norteamérica 2026 ha generado un comportamiento dispar en la industria hotelera de las ciudades anfitrionas, con zonas que registran ocupaciones elevadas y otras que enfrentan baja demanda y ajustes en tarifas. Este fenómeno pone en evidencia que el impacto económico del evento no será homogéneo ni total en todas las sedes.

En México, la concentración de reservas se localiza principalmente en pocas ciudades. La Ciudad de México destaca con un fuerte volumen debido al partido inaugural en el Estadio Azteca, lo que aceleró reservas anticipadas con aumentos significativos. Monterrey también registra un incremento considerable en vuelos reservados, mientras Guadalajara mantiene altos niveles de intención de viaje y ocupación hotelera. Sin embargo, la ocupación promedio durante el Mundial se proyecta entre 60 y 65 por ciento, cifra menor al 80 por ciento previsto inicialmente, lo que ha llevado a algunos hoteles mexicanos a ajustar tarifas y expectativas.

Por su parte, en Estados Unidos la realidad resulta similar. Aunque había expectativas de alta saturación, cerca del 80 por ciento de los hoteleros en ciudades sede reporta un nivel de reservas inferior a lo esperado. Esto se atribuye a restricciones en políticas de visado para visitantes internacionales y a la liberación de habitaciones que la FIFA tenía previamente bloqueadas, lo que disminuyó la impresión de demanda inicial. Aun así, ciudades como Dallas y Houston mantienen un desempeño destacado dentro del mercado hotelero rumbo al Mundial.

Canadá, otro país sede, muestra un patrón también selectivo. La capacidad aérea limitada y la distancia respecto a algunos partidos afectan la demanda hotelera local. En suma, la realidad en Norteamérica exhibe un mosaicado de oportunidades y retos que están redefiniendo el mapa de ganancia comercial alrededor del torneo.

Los expertos coinciden en que factores clave como la conectividad aérea, la localización exacta de los encuentros y el perfil del turista internacional marcan la diferencia entre sedes con alta ocupación y aquellas que deben recurrir a promociones y ajustes de precios para atraer visitantes.

Este escenario obliga al sector hotelero a manejar con cautela las previsiones y ajustar estrategias de cara a un evento que, aunque foco global, divide sus beneficios económicos de forma desigual entre las ciudades involucradas.