El sur de Filipinas sufrió un fuerte terremoto que dejó al menos 41 muertos y causó desplazamientos masivos en la región. El sismo, con una magnitud de 7,8, sucedió en alta mar, cerca de la isla de Mindanao, y se registró a una profundidad de 35 kilómetros.

Las autoridades enfrentan importantes dificultades para atender a los afectados debido a las réplicas constantes, que obligan a extremar las precauciones en las operaciones de rescate. En la provincia de Sarangani, una de las más afectadas, el acceso a ciertas zonas solo es posible mediante helicóptero por los daños en las infraestructuras terrestres.

Uno de los episodios más críticos tuvo lugar cerca de General Santos, la ciudad más poblada de la zona, donde el hospital sufrió daños significativos. Por precaución, más de sesenta pacientes recibieron atención en las calles del hospital, debido al temor generado por las réplicas y la inseguridad del edificio. En ese mismo lugar, los equipos presenciaron el nacimiento de un bebé en plena intemperie.

Además, un deslave en la zona de Glan sepultó varias viviendas y provocó al menos 13 muertes. La alcaldía prohibió el uso del hospital dañado, complicando así la atención médica en la región.

Las labores de búsqueda de víctimas continúan, especialmente en General Santos, donde equipos y perros rescatistas inspeccionan escombros de estructuras colapsadas, como tiendas y hoteles. También se coordinan patrullas marítimas para localizar a personas desaparecidas en la costa.

El terremoto también generó escenas de pánico que quedaron registradas en videos, incluyendo el colapso parcial de un centro comercial. Las autoridades activaron alertas de tsunami en Filipinas, Indonesia y otros países vecinos, aunque estas fueron levantadas posteriormente.