Saudi Aramco señaló que la recuperación del mercado petrolero mundial será lenta, incluso si se restablece el tránsito normal en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más estratégicos para el comercio energético global. La tensión entre Irán, Estados Unidos e Israel provocó una reducción significativa en el paso marítimo de petróleo, con alrededor de 1,000 millones de barriles perdidos en dos meses.

El director ejecutivo de Aramco, Amin Nasser, destacó que la compañía prioriza mantener el flujo energético a pesar de las presiones actuales sobre el sistema. Las interrupciones en Ormuz han generado un incremento en los precios internacionales del crudo, lo que impulsó las ganancias netas de Aramco en el primer trimestre, con un aumento del 25%, según reportó la empresa.

Ormuz es clave en el transporte mundial de hidrocarburos, ya que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y permite el paso de cerca del 20% del petróleo y gas natural licuado consumidos globalmente. Países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar dependen de esta vía para exportar hacia Asia y Europa. Sin embargo, el conflicto regional ha provocado bloqueos parciales y restricciones severas que hicieron desplomar las exportaciones petroleras de la zona hasta un 60% en marzo, elevando la incertidumbre sobre la seguridad marítima.

Asimismo, la crisis ha generado preocupación en gobiernos occidentales, que evalúan medidas militares para proteger esta ruta, ante riesgos como minas navales y ataques contra embarcaciones comerciales.

Nasser explicó que la reapertura del estrecho no garantizará una recuperación inmediata, porque el mercado partía de inventarios reducidos y enfrenta años de escasa inversión en producción y refinación. Para mitigar el impacto, Aramco ha intensificado el uso de su East-West Pipeline, un oleoducto que conecta el Golfo Pérsico con el mar Rojo, evitando el paso por Ormuz y funcionando como una «línea crítica de vida» para asegurar el suministro global.

Este escenario pone en evidencia que las tensiones en Oriente Medio y las vulnerabilidades logísticas extenderán la presión sobre la oferta petrolera mundial, manteniendo un alto grado de volatilidad en los mercados internacionales.